Esta exposición plantea asimismo una serie de preguntas en torno a la autoría y a la interpretación: “¿Qué porciones de una obra que conocemos y hemos vivenciado le debemos atribuir a su compositor, a sus intérpretes, a sus críticos y a sus cronistas? ¿No es acaso cada obra un producto multitudinario de versiones y puntos de vista? ¿Dónde termina la vida del autor y comienza la de su personaje, y donde termina el mensaje de un autor y comienza el de su intérprete? ¿Hasta qué punto la reinterpretación histórica de una obra se convierte en apropiación?” Las brujas de Tepoztlán (y otras óperas inéditas) busca poner a prueba la premisa y la conclusión de que si es cierto que en nuestra era “después del fin del arte” la originalidad del estilo artístico se ha colapsado, lo único que nos queda es el contrapunto histórico, estético y circunstancial, como lo comprueba la cultura actual del deejay. En el caso de esta muestra, el artista se remonta a la estructura combinatoria que sirve de legado a esa tradición musical, que es la fuga barroca y en particular la obra de J.S. Bach. Sobre este proyecto, el artista añade: “este proyecto es el resultado absolutamente fallido de lograr que una obra hable por sí sola sin necesidad de la crítica, historiografía o la interpretación. Quizá por ello se produzca en el espectador y/o lector una extraña sensación de que tanto en la exposición como en el libro los autores, intérpretes, críticos y personajes se fusionan o van intercambiando en diferentes momentos sus papeles como si se tratase de un juego de sillas musicales sin sillas, y con un solo jugador que fuese todos a la vez.”